Más que una celebración del pasado, el bicentenario de las relaciones diplomáticas entre México y Francia busca convertirse en una plataforma para construir la cooperación cultural de las próximas décadas.
Ésa es la convicción con la que el director del Instituto Francés de América Latina (IFAL) y consejero cultural de la Embajada de Francia en México, Jean-François Guéganno, explica el sentido de La Gran Fiesta Franco-Mexicana, la temporada que reunirá cerca de 200 actividades entre septiembre y noviembre.
En entrevista con El Economista, el funcionario francés subraya que el verdadero éxito del programa no se medirá por el número de exposiciones, conciertos o espectáculos realizados. En cambio, precisa: "Todo el diálogo entre museos, compañías, universidades y centros culturales debe generar nuevos proyectos en 2027, 2028 y los años siguientes".
Ese objetivo explica la manera en que fue concebida la programación. Durante el último año y medio, relata, instituciones francesas y mexicanas trabajaron conjuntamente para construir un calendario donde predominan las coproducciones y los proyectos compartidos, antes que la simple importación de espectáculos.
"No es un festival francés en México; es realmente un evento franco-mexicano", resume. "Todo se construyó de la mano entre franceses y mexicanos".
En ese contexto detalla que también se desarrollaron encuentros entre el Ministerio de Cultura de Francia y la Secretaría de Cultura de México, así como visitas de directores de teatros y escenarios nacionales franceses para conocer la producción mexicana con miras a programarla posteriormente en Europa.
"Estamos en la orquestación de convenios para hacer que sean una realidad", señala al referirse a los acuerdos suscritos durante la visita del presidente Emmanuel Macron a México y a los mecanismos que ahora comienzan a traducirse en proyectos concretos.
La cooperación entre ambas naciones también alcanza el ámbito universitario y científico. Guéganno recuerda la reciente cumbre de cooperación académica realizada hace algunas semanas en Lille, donde participaron decenas de universidades e instituciones de ambos países para ampliar programas de movilidad, dobles titulaciones y proyectos de investigación conjunta. "Eso muchas veces no se ve, pero es parte del trabajo de fondo que acompaña todo este año del bicentenario", comenta.
En materia patrimonial, el consejero cultural de la Embajada de Francia considera especialmente significativo el intercambio temporal entre el Códice Azcatitlán y el Códice Boturini, acompañado por un simposio internacional dedicado a los códices mesoamericanos. A su juicio, el proyecto demuestra que incluso los temas históricamente sensibles pueden abordarse desde el diálogo académico y la confianza institucional.
"La exposición se llama 'Resonancias, disonancias y contrapuntos' precisamente porque no queremos ocultar la historia (...) Hubo momentos difíciles entre nuestros países, pero hoy la relación está construida sobre la amistad y la cooperación".
Para el director del IFAL, ese espíritu resume la filosofía del año dual: reconocer la complejidad del pasado sin convertirla en obstáculo para imaginar una relación más amplia entre dos países que, asegura, todavía tienen mucho por descubrir el uno del otro.
"Muchas veces conocemos nuestros clichés de manera recíproca. Pero la apuesta de este proyecto es acercarnos, conocernos mejor y construir relaciones mucho más profundas", concluye.
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