Durante la Nochebuena, la Policía de Salta, a través de la Dirección de Bomberos, llevó adelante operativos de control por pirotecnia sonora en distintas localidades del departamento Anta, entre ellas Joaquín V. González, en el marco de la normativa que prohíbe la tenencia, uso y comercialización de estos elementos. 
La información oficial señalaba que los controles se intensificarían de cara a las fiestas de fin de año con el objetivo de prevenir la venta ilegal y reducir el impacto del uso de pirotecnia sonora. Sin embargo, pasadas las 0 horas del 25 de diciembre, comenzaron a multiplicarse los reclamos de vecinos en redes sociales. 
Muchos apuntaron a que, pese a los anuncios, se escucharon “bombas y petardos de gran intensidad” en distintos barrios de Joaquín V. González, El Quebrachal, Olleros y otras localidades del departamento. Otros reclamaron controles más estrictos sobre los comercios que venden pirotecnia, mientras que también hubo voces que defendieron la medida por el impacto que el ruido genera en personas con sensibilidad auditiva, adultos mayores, niños y animales.
“Hace años dejé de comprar cohetes, pero tengo que gastar en sedantes para mis perros”, expresó una vecina, reflejando una problemática que se repite cada año. En contrapartida, también aparecieron opiniones que cuestionaron los operativos y reclamaron mayor flexibilidad durante las celebraciones.
El debate volvió a instalarse con fuerza en Anta: por un lado, quienes exigen el cumplimiento efectivo de la ley de Pirotecnia Cero y mayor empatía por otro, quienes consideran insuficientes o mal aplicados los controles.
Mientras tanto, desde las fuerzas de seguridad informaron que los operativos continuarán durante las celebraciones de fin de año. La discusión, una vez más, quedó abierta entre la normativa, su aplicación real y una costumbre que sigue generando divisiones en la comunidad.