Protegido en EE.UU., deportado a África: la pesadilla de Carlos Rodelo tras huir de la extorsión en Colombia

2026-10-14 12:32:29 - MUNDO

Carlos Rodelo huyó de Colombia tras recibir amenazas y encontró refugio en Estados Unidos, donde obtuvo una protección que impedía su devolución a su país de origen. Sin embargo, tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, fue detenido y deportado a la República Democrática del Congo, donde permaneció bajo vigilancia. Ahora, desde España, adonde logró llegar tras escapar, atendió la llamada de RFI para contar su historia.

"Me llamo Carlos Rodelo. Soy oriundo de Colombia, de Barranquilla, Colombia. En Barranquilla tenía mi trabajo, pero a la vez yo tenía unos negocios y empecé a ser víctima de extorsiones. En realidad, al principio yo no lo vi tan grave, pero cuando ya pasó el tiempo, que me empezaron a extorsionar más fuerte, me di cuenta de que la cosa era un poco más grave de lo que yo creía. Me empezaron a pedir dinero. Al principio empecé a acceder a pagar, pero después yo dije que no iba a pagar más, porque era una cantidad que yo no podía pagar.

Traté de poner la denuncia ante las autoridades colombianas, pero el mismo señor que me iba a tomar la denuncia me dijo que podía hacerlo, pero me advirtió que, si lo hacía, lo más probable era que al día siguiente las personas se enteraran. Muchas autoridades que trabajan en la calle reciben dinero de esas extorsiones para que los dejen trabajar.

Entonces decidí no poner la denuncia por miedo y no seguir pagando. Uno de los puestos que yo tenía me lo derribaron, me lo tiraron al piso. Otro día, llegando a mi casa, me abordaron dos motos y cuatro hombres. En la actualidad tengo una cicatriz llegando al pómulo derecho de mi cara. Me la hicieron ese día porque me golpearon. No sé si fue con un anillo, no sé con qué me golpearon, y lo único que me dijeron fue: 'Eso es para ver si te quedan ganas de pagar'.

Me dio mucho miedo. Me partieron una vez el vidrio de un carro que yo tenía allá. Me iban a buscar a mi apartamento, donde actualmente vivía mi familia. Entonces eso también me dio miedo, porque no quería que se dieran cuenta de que yo tenía nexos a los que les podrían pasar algo como un secuestro.

Así pues, decidí viajar a los Estados Unidos. Llegué por México. Entré el 8 de mayo del 2023. Ahí me tuvieron retenido cinco días aproximadamente y ellos me dieron la libertad, me dejaron entrar a Estados Unidos. Me dijeron que tenía que acceder a un programa de migración donde yo tenía que ir a presentarme a firmar.

Llegué a Maryland, cerca de Washington D. C. Yo residía en Maryland; ahí residí todo el tiempo que estuve en los Estados Unidos. Duré tres años viviendo en los Estados Unidos. Tuve mi seguro social, mi permiso de trabajo, tenía mi trabajo activo y me enfrenté a los jueces y a las cortes que tenía que enfrentar. En la última corte, una jueza federal de Maryland me otorga a mí un CAT, un withholding, que es una protección contra la tortura. Ella me dice que con este documento no puedo salir de los Estados Unidos.

En ese momento tenía mi trabajo, estaba bien, iba a las firmas de migración, seguía yendo. A mí me otorgan el CAT. Una protección donde Estados Unidos no puede enviarme a mi país de origen porque yo corro peligro allí".

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Un documento que te impide que fueras expulsado a Colombia, pero no a un tercer país.

"En su momento, no. La jueza me dijo: «No puedes ir a Colombia ni a ninguna parte. Tú puedes quedarte en los Estados Unidos». Yo le dije: 'Perfecto, no hay ninguna clase de problema'. A mí nunca la jueza me habló de que me buscaran un tercer país o algo.

Cuando entra ya el nuevo gobierno, cambian muchas leyes. A pesar de tener mi protección podrían buscarme un tercer país. Pero a mí nunca me lo informaron, nunca nadie me dijo eso. Es más, yo iba a las citas de migración y a mí nunca en migración me dijeron: «Mire, a usted le están buscando un tercer país». Nunca me dijeron eso. Yo estoy en España actualmente y no tengo ni siquiera orden de expulsión ni orden de remoción de los Estados Unidos".

Antes de centrarnos en España ¿cómo fue ese día? ¿Cómo fue el día en el que te detuvieron?

"Me llaman con la falsa excusa de que voy a ir a firmar. Yo digo: «Bueno, como siempre he ido». Yo no le vi nada malo. Voy a las oficinas de migración y, cuando voy a la oficina de migración, hay tres agentes del ICE esperándome. O sea, me engañaron para ir hasta allá.

Al final, ellos me trasladan hasta unas oficinas que ellos tienen ahí en Maryland, en Baltimore, y ahí yo duré cinco días. Al quinto día, ellos me llevan hasta el aeropuerto y me trasladan hasta Louisiana. En Louisiana duré nueve meses retenido en una prisión".

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Entretanto, en ese periodo de nueve meses, ¿no tienes ningún contacto con la familia, con ningún allegado, con nadie? ¿Estás solo?

"Contacto por teléfono, simplemente, yo podía llamar y podía informarles del día a día. Era lo único, lo único".

¿Pero tu familia estaba al corriente de todo lo que estaba sucediendo?

"Mi familia en ese momento estaba al corriente. Estaba muy desesperada y angustiada, porque ellos no entendían nada. Me decían: «Pero tú te ganaste una…». Sí, pero ¿cómo así? Entonces desde Colombia trataron de movilizarse para ver qué podían hacer por mí.

Al final duré nueve meses detenido en la cárcel. Cuando ingreso a la cárcel, yo meto una demanda que se llama habeas corpus a la Corte Federal de los Estados Unidos. Entonces, ¿qué pasa? Que el ICE no apeló porque yo no tengo antecedentes penales, yo no le debo nada a la justicia de los Estados Unidos, absolutamente nada.

Después de esos 9 meses un día cualquiera a mí me sacaron a las cinco de la mañana de la cárcel sin decirme dónde me trasladaban. Simplemente me sacan. Me trasladan a una especie de detención que hay en el aeropuerto de Luisiana y ahí me tuvieron un día completo, 24 horas, encadenado de pies, manos y cintura. Un día completo, metido en una celda, encadenado. No me dejaban llamar, porque ellos sabían que podía contactar con mi abogado. No me dejaron llamar en 24 horas.

Simplemente, a las 24 horas llegaron unos agentes del ICE y me dijeron: 'Te vas'. Claro, yo, como muy alegre, les respondo: '¿Pero para dónde me voy?'. 'Vas a ser deportado', respondieron. Entonces les digo: 'Pero es que yo no puedo irme para Colombia, porque yo tengo una protección que no puedo llegar a mi país'. Entonces ellos me dicen: 'No, es que tú no vas a ir para Colombia, a ti te vamos a mandar para África, para la República Democrática del Congo'.

Y yo les respondo: 'Pero ¿cómo me vas a mandar para allá si este es un país que no conozco, un país que está en peligro? O sea, ese país para mí es un peligro'. El agente lo único que me dice es: 'Por favor, no hagas las cosas más difíciles. La orden es que yo te tengo que llevar a las buenas o a las malas. Si te pones a las malas, toca llevarte a las malas, y si vas a las buenas, camina, que te está esperando el avión'.

Caminé. Me montaron en un avión donde duré 27 horas más encadenado de pies, manos y cintura, comiéndome un sándwich frío y una botellita de agua pequeña. Veintisiete horas hasta la República Democrática del Congo. Ahí me dejaron literalmente tirado… en la República del Congo".

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Carlos Rodelo espera en Valencia ( España) que se apruebe su solicitud de protección internacional.

En ese transcurso, durante su traslado desde Estados Unidos hasta RDC, ¿conoce más gente, a paisanos, ciudadanos tuyos que están prácticamente en la misma situación?

"Sí, estaban en la misma situación. Fuimos 15 en total, donde había colombianos, había gente de Ecuador y de Perú, pero la mayoría éramos colombianos.

Entonces llegamos a la República del Congo y ahí nos recibe la OIM, que es la que nos recibe. Pero, en realidad, el fin de la OIM era gestionar todo el proceso para enviarnos a cada uno a nuestros países de origen. Yo les digo: 'Pero es que yo no puedo ir a Colombia. A mí me tienen que buscar otro país donde yo me pueda sentir seguro, porque no puedo viajar a Colombia'. Ellos me dicen: 'No, nosotros no podemos enviarte a otro país'.

Entonces ahí es donde yo opto por… Bueno, somos tres en realidad, dos compañeras y yo. Ahí es donde optamos por salir de ahí. De pronto nos compraron los pasajes reuniendo dinero entre familiares. Y, lógicamente, allá para salir del Congo, si nosotros íbamos a un supermercado, a hacer alguna diligencia, nos montaban en unas vans que eran de vidrios negros, blindadas, y siempre con gente de seguridad, con gente armada, para ir a un supermercado.

Entonces, lógicamente, a nosotros, para venir a España, nos tocó escaparnos, porque no nos dejaban salir de ese hotel donde nosotros estábamos, a menos que fuera protegidos por la seguridad. Entonces un día, les dijimos que unas personas, unos colombianos, nos invitaron a comer, que esto, que lo otro, y bueno, ellos por no sé qué accedieron, por cosas de Dios. Ahí fue donde nosotros aprovechamos, nos fuimos para el aeropuerto, cogimos un avión y llegamos a España".

¿Por qué la idea de ir a España y no ir a otro país?

"Era el país más fortalecido y uno de los países más buenos que nos quedaba más cerca de África."

Y vuestro futuro ahora, ¿cuál va a ser? ¿ intentar quedaros en España para tener una residencia fija, o impulsar otra vez, de nuevo, intentar volver a Estados Unidos, o ir a otro país de América Latina?

"No. A ver, nosotros nos queremos quedar aquí en España, queremos hacer las cosas bien. Nosotros ya metimos la documentación para la protección, para que España nos colabore, nos ayude a tener una protección internacional. Y bueno, ya quedamos en manos del gobierno español, que por favor nos ayude, porque de verdad que la situación que nosotros vivimos fue muy precaria.

Estamos hablando de comida, estamos hablando de detención, estamos hablando de maltrato. Mi compañera duró un año y medio metida en una prisión; yo duré nueve meses, donde nosotros nos levantaban a punta de garrote. Era la levantada: muchas veces nos pegaban para podernos levantar. Muchas veces nos daban comida dañada; la mayoría de los días algo de la comida estaba dañado.

En el Congo fue horrible. Yo particularmente en el Congo casi muero porque un mosquito me transmitió malaria. Tuve cuatro días vomitando y yendo al baño con sangre".

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Sois los primeros refugiados que llegan a través de un tercer país, escapados, directamente a España, ¿Cómo os han recibido? ¿cómo os están tratando en España?

"De verdad que muy agradecidos, porque tanto las personas como las autoridades nos han tratado muy bien. De verdad que sí, no tenemos queja de eso.

Lógicamente, también podemos añadir a esto que nosotros venimos también con unos traumas. Por ejemplo, a veces uno ve a la policía y uno se asusta, porque son traumas que vienen quedando. Lógicamente, son traumas. Nosotros estamos con psicólogos, trabajando con ellos, pero bueno, es normal y, con el tiempo, esperaremos que todo eso se quite, ¿no?

Yo me levanto todos los días a las cuatro de la mañana porque pienso que me van a pegar en las piernas para levantarme. Es muy duro. A veces yo me siento, me pongo a mirar en mi cuarto y parece un sueño, pero tengo que vivir. Esta es la realidad que vivimos. Y es muy duro, fue muy duro para nosotros. Yo pasé una Navidad, pasé un cumpleaños en una prisión cuando no tenía que hacerlo".

¿Cuál es su futuro ahora? ¿Cómo lo divisa?

"La verdad, la verdad, quiero tranquilidad. En estos momentos estoy un poco… me angustio a veces por la decisión que vaya a tomar el país sobre nosotros o sobre mí. Pero bueno, ya está en manos del gobierno y de las personas encargadas que, ojalá, Dios, quiera, se pongan la mano en el corazón. Pueden revisar nuestros antecedentes penales y todo: nosotros no somos personas que vamos a hacerle daño a nadie.

Y bueno, vivir una vida tranquila, o sea, vivir una vida como todo el mundo la vive. Aprovecho también para que, de pronto, las autoridades que tengan que tomar esta decisión no tomen decisiones a la ligera, sino que de pronto le pongan un poquito más el ojo a la situación de nosotros para obtener, con el favor de Dios, una ayuda. Porque en realidad nosotros no somos ni personas malas, ni tampoco debemos nada, ni tampoco debemos en Colombia, ni tampoco debemos en Estados Unidos. Simplemente queremos una vida tranquila, no más".

Fuente: rfi.fr