"No nos une el amor, sino el espanto", escribió Jorge Luis Borges. El verso bien podría describir algunos momentos de la relación entre Argentina y Brasil. Entre rivalidades históricas, afinidades políticas y crisis diplomáticas, los dos mayores países de Sudamérica han construido un vínculo tan complejo como indispensable.
La nueva crisis diplomática desatada por los cruces entre los presidentes Javier Milei y Luiz Inácio "Lula" da Silva reavivó las dudas sobre el impacto que pueden tener las disputas políticas en una relación considerada estratégica para ambos países. ¿Hasta dónde llegan las diferencias entre los gobiernos y dónde comienza un vínculo que trasciende a sus mandatarios?
Para la politóloga argentina Dolores Gandulfo, los lazos entre ambos países tienen un peso que va mucho más allá de las afinidades ideológicas de cada administración. "La relación Argentina-Brasil es una relación estratégica que dio origen al Mercosur y se consolida porque Brasil es el principal socio comercial de la Argentina", explica a DW desde la capital argentina.
Con ese diagnóstico coincide el profesor de Geopolítica de la Universidad del Estado de Río de Janeiro, Vítor Stuart de Pieri. "La definiría como una relación estructuralmente estratégica, institucionalmente resistente y políticamente degradada", resume en entrevista con este medio. Aunque no está rota, sostiene que su dimensión política atraviesa uno de sus momentos más delicados desde la redemocratización.
La analista brasileña Fernanda Agostinho subraya que, sin embargo, los cruces entre presidentes no impiden el funcionamiento de los canales institucionales. "Existe un claro desacople entre la diplomacia presidencial y la diplomacia institucional o técnica, que sigue funcionando", afirma a DW desde Minas Gerais. A su juicio, hoy se vive una etapa de "pragmatismo frío y despersonalizado", en la que el vínculo personal entre los presidentes contrasta con el trabajo cotidiano de los Estados.
La cercanía política entre Javier Milei y sectores de la derecha brasileña profundizó las tensiones con el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva.Jean Carniel/REUTERS
"La relación es geográfica y estructural, y trasciende los mandatos presidenciales de cuatro o cinco años", señala la especialista, magíster en Estudios Latinoamericanos por el Instituto Ortega y Gasset de Madrid, quien recuerda que las industrias automotrices de ambos países mantienen cadenas de producción profundamente integradas.
Los lazos económicos, incluso, aparecen como uno de los principales factores de contención en el momento actual. "Hoy la cooperación en términos empresariales y económicos es muy importante. Es la posibilidad de una diplomacia de soft power que puede tratar de evitar que el conflicto llegue a niveles peores", evalúa el analista internacional argentino Marcelo Brignoni, especialista en integración regional, consultado por DW.
Precisamente por esa interdependencia, los especialistas advierten que una escalada de la crisis podría tener costos especialmente altos para Argentina. "Tensar la relación con Brasil, con la importancia que tiene para la Argentina y para los industriales argentinos, es muy riesgoso", indica Gandulfo.
En la misma línea, Brignoni considera que la situación perjudica especialmente a Buenos Aires. "Hoy es mucho mayor la necesidad que tiene Argentina de trabajar con Brasil que Brasil con Argentina", afirma el especialista.
Los gestos de confrontación del gobierno argentino de Javier Milei "dejan a la Argentina en una situación de aislamiento", analiza Gandulfo.
Pero la tensión bilateral no solo afecta el vínculo entre ambos países, sino que también irrumpe en un momento en que el Mercosur busca fortalecer su proyección internacional. "Independientemente de los posicionamientos ideológicos, hay una idea de la necesidad de revitalizar el Mercosur, y en eso acompañan todos los presidentes del bloque", afirma la profesora de la USAL.
Desde Brasil, de Pieri recuerda que el Mercosur nació con una ambición que iba mucho más allá del comercio. "El Mercosur siempre fue mucho más que un acuerdo comercial. Fue una construcción política destinada a transformar una antigua rivalidad regional en cooperación institucional", sostiene.
Aun así, advierte que el peso de ambos países en la región impone límites a cualquier estrategia de confrontación. "Ninguno puede formular una política sudamericana consistente ignorando al otro", afirma. Para el especialista, "el escenario más probable no es una ruptura, sino una especie de guerra fría bilateral: escaso diálogo presidencial, agresiva retórica y preservación pragmática de los vínculos económicos y burocráticos".
La disputa, sin embargo, tiene un límite. "Los presidentes pueden mejorar o deteriorar profundamente el clima político, pero no controlan toda la relación", concluye.
(cp)