¿Puede Latinoamérica aprovechar la fiebre global por las tierras raras?

2026-07-20 12:25:29 - MUNDO

Cada vez que cargas tu celular, manejas un vehículo eléctrico o haces volar un dron, hay una probabilidad alta de que estés usando un grupo de elementos químicos con nombres difíciles de recordar como neodimio, disprosio o escandio.

Se les conoce como tierras raras. Son la razón por la que China, Estados Unidos y otras potencias libran hoy una de las disputas comerciales y de suministros críticos más decisivas de la década. Y Latinoamérica también está en este tablero.

Las tierras raras son 17 elementos químicos —15 lantánidos, más el escandio y el itrio—. No se llaman "raras" porque escasean: el cerio, por ejemplo, es más abundante que el cobre.

Se les denomina así porque "normalmente no se encuentran concentradas en grandes cantidades o depósitos fácilmente explotables, sino dispersas dentro de diferentes minerales", explica a DW Sergio Ticona, investigador de la Universidad Nacional de San Agustín, en Perú.

El desafío no es solo encontrarlas, sino "identificar concentraciones económicamente aprovechables y desarrollar la tecnología para separarlas de forma ambientalmente responsable", agrega Ticona, también académico de la Universidad Católica de Santa María.

Las tierras raras, especialmente praseodimio, neodimio, disprosio y terbio, tienen propiedades magnéticas, ópticas y electroquímicas únicas, las cuales son fundamentales para la transición energética.

Entre otras cosas, sirven para fabricar baterías, pantallas, chips e imanes permanentes de alto rendimiento que permiten mover motores eléctricos, turbinas eólicas, drones y sistemas de defensa, entre otras cosas.

Actualmente, solo un país lidera la carrera por estos elementos estratégicos: China, que posee la mina de Bayan Obo, el mayor yacimiento de tierras raras del mundo, controla cerca del 70 % de la extracción mundial y más del 85 % del refinado.

Los factores geopolíticos "están en el centro de la carrera por las tierras raras", dice a DW Nilson Francisquini Botelho, profesor del Instituto de Geociencias de la Universidad de Brasilia.

"EE. UU. no cuenta con las tierras raras más importantes y su industria de alta tecnología, al igual que la de Europa, depende en gran medida de la producción china", añade.

"Hay una cierta fiebre por encontrar nuevos yacimientos, pero sigue siendo una pelea entre enanitos contemplada plácidamente por el gigante que es China", responde a DW Antoni Camprubí, responsable del Grupo de Investigación de Mineralogía, Yacimientos Minerales y Geofluidos del Instituto de Geología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

En los últimos años, varios países latinoamericanos han anunciado el hallazgo de tierras raras, pero la región está en una etapa muy inicial.

Ticona aclara que no es lo mismo tener una ocurrencia mineral –detección de los minerales–, un recurso –estimación de su cantidad, distribución y calidad– o una reserva –un centro con capacidad de explotación económica–. Muchos anuncios gubernamentales en América Latina se tratan más bien de lo primero.

Según el Servicio Geológico de EE. UU. (USGS), con poco más del 20 % de los depósitos de tierras raras del planeta, Brasil concentra la mayor reserva de la región. Sin embargo, solo aporta cerca del 1 % de la producción global, aclara Francisquini Botelho.

Asimismo, tiene la única mina de tierras raras operativa fuera de Asia: Serra Verde, en Goiás. En ese mismo estado, la minera canadiense Aclara Resources desarrolla el Proyecto Carina, que prevé el inicio de su producción para 2028.

La misma compañía busca comenzar sus operaciones en 2027 en Penco, Región del Biobío, en Chile. El yacimiento lleva más de diez años en desarrollo, pero se ha enfrentado a una fuerte resistencia de la comunidad vecina, ya que se sitúa cerca de la ciudad; aunque los permisos ambientales ya fueron aprobados.

En diálogo con DW, la geóloga Irene del Real, de la Universidad Católica de Chile, aporta mayor precisión sobre el tema ambiental. Los depósitos tipo "regolito o arcillas iónicas –como los de Brasil y Chile– no dejan residuos radioactivos; este es un mito importante de aclarar". En cambio, los de roca dura, como la mina china de Bayan Obo, sí lo hacen.

Y agrega algo de lo que poco se habla: no toda la producción va a electromovilidad o energía limpia, como suelen destacar las mineras. Una parte va a la industria bélica y de defensa: "Hasta donde sé, no existe una trazabilidad al respecto".

Los expertos coinciden en que no se puede igualar en poco tiempo la estructura industrial que China ha construido en décadas. Además,, Latinoamérica carece de incentivos y de un plan a futuro. Sin embargo, la región no está "condenada" solo a vender su materia prima.

En vez de buscar competir directamente con China, la clave podría estar en negociar inversión extranjera que contemple la transferencia tecnológica real en cada país. La idea es "impulsar una política que asocie las industrias extractivas de cualquier tipo con la transformación de la materia prima en productos propios", propone Camprubí.

Para él, limitarse solo a la extracción de los elementos sin más "corresponde a un esquema neocolonial que le resta soberanía" a cualquier país.

En la misma dirección, Ticona advierte que el principal desafío es "evitar que la región se limite a exportar concentrados y después importe, a mucho mayor precio, los productos tecnológicos hechos con los mismos minerales".

"Mientras no haya políticas para incentivar el desarrollo de esta actividad, una empresa minera siempre va a optar por la solución que le entregue más beneficios, que en la mayoría de los casos es exportar concentrado mineral a China", concluye la geóloga Del Real.

(rml)