Chipotle ya está en México. La cadena estadounidense abrió ayer su primera unidad en Plaza Fiesta San Agustín, en San Pedro Garza García, Nuevo León, con un menú construido alrededor de burritos, bowls, tacos, quesadillas, frijoles, arroz, barbacoa, carnitas y guacamole.
La llegada tiene algo de provocación gastronómica. Después de convertir los sabores mexicanos en un negocio global, la compañía entra al país que inspiró su menú. Aquí no tendrá que explicar qué es una tortilla o cómo se combina una salsa, sino demostrar por qué el consumidor debería pagar por una versión estadounidense de ingredientes que conoce desde siempre.
El restaurante es operado por Alsea, grupo que maneja en México marcas como Starbucks, Domino's Pizza, Burger King y Vips. La alianza le permite a Chipotle comenzar con conocimiento del mercado, proveedores, ubicaciones y una estructura preparada para el servicio digital y la expansión.
El cliente puede elegir entre burrito, bowl, ensalada, tacos o quesadilla y después agregar arroz, frijoles, vegetales, salsas, crema, queso, guacamole y distintas proteínas. La personalización frente a la barra es el centro del modelo.
El burrito, bowl o ensalada con pollo parte de 149 pesos; con carnitas cuesta 169 pesos, mientras que las versiones con steak o barbacoa comienzan en 189 pesos. La estrategia mantiene las preparaciones básicas por debajo de los 200 pesos, en una zona intermedia entre una comida rápida tradicional y un restaurante de servicio completo.
Chipotle no competirá directamente con el puesto de tacos, aunque la comparación será inevitable. Su verdadera pelea estará frente a las hamburguesas premium, ensaladas, poke bowls, pizzas individuales y conceptos urbanos que ofrecen alimentos rápidos, personalizables y con una imagen de mayor calidad.
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